Un escritorio elevable no es una silla ni un ratón: no corrige tu postura, cambia el rango de posturas disponibles. El RD 488/1997 exige que la mesa de un puesto con pantalla tenga una superficie poco reflectante, dimensiones suficientes y permita una colocación flexible de los elementos. Un escritorio de altura fija te obliga a adaptar el cuerpo a la mesa; uno regulable permite lo contrario, que es el orden correcto.
Conviene ser honesto con lo que se sabe: la ganancia medible de un escritorio elevable es que rompe el sedentarismo continuado y permite ajustar la altura de trabajo al usuario en lugar de al mueble. Lo que la evidencia no respalda es tratarlo como un tratamiento para el dolor de espalda. Estar de pie ocho horas seguidas tampoco es una postura neutra: el beneficio está en alternar, no en sustituir una postura fija por otra.
La iluminación entra en esta misma categoría porque comparte el mismo plano de trabajo y la misma normativa. El problema típico de un setup no es la falta de luz, sino el contraste: una pantalla brillante en una habitación a oscuras, o una lámpara que refleja en el monitor. Aquí valoramos las lámparas de escritorio por lo que se puede medir —iluminancia a la distancia real de trabajo, temperatura de color, parpadeo y forma del haz— y no por el número de LED del catálogo.